01Aislamiento térmico
La madera es el mejor aislante natural de los tres: no crea puentes térmicos. El PVC aísla bien; el aluminio necesita rotura de puente térmico para acercarse. En climas fríos como el de Cuenca, la diferencia se nota en la factura.
02Aislamiento acústico
La densidad de la madera amortigua el ruido mejor que los perfiles huecos de PVC o aluminio. Combinada con un buen doble acristalamiento, una ventana de madera bien sellada es la opción más silenciosa.
03Durabilidad real
Una ventana de madera bien fabricada y con mantenimiento dura 50 años o más; hay ventanas centenarias funcionando. El PVC se degrada con el sol (amarillea, se deforma) y no se puede reparar: se cambia entero. La madera se repara y restaura.
04Mantenimiento
Aquí gana el aluminio: no necesita nada. La madera pide un repaso de lasur cada pocos años según orientación. El punto medio es la madera-aluminio: interior cálido de madera y exterior de aluminio sin mantenimiento.
05Estética y valor de la vivienda
La madera aporta una calidez que ningún foliado imita y revaloriza la vivienda, sobre todo en casas de pueblo, rehabilitación y edificios protegidos, donde a menudo es obligatoria. El PVC es funcional; la madera es un acabado noble.
06Sostenibilidad
La madera es el único material renovable de los tres y el de menor huella de carbono: el árbol captura CO₂ al crecer. El PVC es un plástico derivado del petróleo y el aluminio consume muchísima energía en su producción.
07Precio con perspectiva
El PVC suele ser lo más barato de entrada y la madera algo más cara. Pero repartido entre los años de vida útil, la madera resulta muy competitiva: dura más, se repara y mantiene su valor. Compara precio por año, no solo el ticket inicial.
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